¿Qué provocan las recompensas en nuestros hijos?

Existen muchas maneras de conseguir que nuestro hijo o hija se ponga el pijama sin rechistar, nos coja de la mano para cruzar la calle o se espere en silencio mientras tenemos una conversación seria por teléfono… Pero ¿Qué manera tenemos para no solo conseguir lo que queremos, sino además educarlo con valores?


Los castigos, rincones de pensar, gritos… son herramientas que se han utilizado desde hace años. Otros padres o en otras situaciones se ha optado por las recompensas, los “premios”. ¿Qué es mejor? En este caso, hablaremos de las recompensas y lo que sucede en el cerebro de nuestros peques cuando las usamos.


Existen dos tipos de recompensas:

1. Recompensa material

2. Refuerzo emocional o social


Cuando pensamos en recompensa o “premio” es fácil pensar en la recompensa material, por ejemplo: “Si te pones el pijama ahora mismo mañana te compro unos cromos”. ¿Qué efecto tiene esta recompensa? El cerebro de nuestro peque asumirá que, si obedece, obtiene algo que quiere. Así pues, no realizará la acción porque quiere sino por lo que recibirá a cambio.


Por el otro lado, tenemos el refuerzo emocional o social, con el que nuestro hijo o hija asumirá que cuando obedece, se siente satisfecho/s. En este caso si realizará la acción por su propia satisfacción.


Esto es fácil de decir, pero ¿Cómo aplicarlo en la vida real? ¿Qué recompensas son eficaces y cuales no?


Las recompensas menos eficaces son:

· Juguetes y otros premios materiales

· Comida

· Indicarle que lo ha hecho bien pero puede hacerlo mejor

· Felicitarle delante de los demás hasta hacerle pasar vergüenza


Las recompensas que si son eficaces son:

· Pasar tiempo jugando a lo que nuestro hijo/a quiera (tiempo compartido)

· Dejarle una responsabilidad (llevar las llaves del coche mientras cruzamos la calle)


· Darle un privilegio (elegir el pijama)

· Decirle que lo ha hecho bien

· Felicitarlo

· Darle las gracias



Así pues, teniendo en cuenta esto, recordemos que ‘la recompensa no debe ser el motor del niño, sino que la consecuencia agradable que ayuda a que las conductas positivas se repitan’

(El cerebro del niño explicado a los padres, Dr. Álvaro Bilbao).

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