Juego libre en la arena

Anteriormente he hablado varias veces de los beneficios del juego al aire libre. Hoy nos

centraremos en el juego en la arena, ya sea en la playa o en un arenal en el parque o

en el jardín.

Antes de nada, quiero compartir el hecho de que, cuantos más juguetes tengan


nuestros pequeños a su disposición, menor es su juego creativo e imaginativo. Como

comentaba en un post hace unas semanas, con un simple palo un niño/a puede jugar

imaginándose miles de cosas. Lo mismo sucede con la arena:


• Experimenta sus sentidos,

- El tacto: la temperatura, como se escurre entre sus manos…

- El oído: cuando un granito roza sobre otro, cuando sus dedos rozan sobre la arena…

- El sabor: aunque no sea lo más indicado, los más pequeños con casi total certeza procurarán metérselo en la boca, notarán que es granulado y aunque nosotros deberemos supervisar y evitar que se lo coman, con seguridad y supervisión, que prueben su tacto en los labios no tiene que ser malo (aunque claro está, en la situación actual

deberemos vigilar más de lo habitual).

- La vista: puede cambiar de color si está más húmeda o menos, según cómo le de la luz, se pueden hacer formas, dibujar…

- El olor: según sí está más húmeda, menos, si está cerca de algas del mar…


Así pues, dejemos que nuestros hijos experimenten, con supervisión y libertad, el

universo que es para ellos: ¡la arena!

Disfrutemos de ver cómo exploran, imaginan y crean.

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